El miedo para controlar la ilegalidad

 A veces los ciudadanos del común se preguntan si a los servidores públicos les da miedo hacer cumplir la ley y cuando contestan afirmativamente dan diversas razones para explicar ese comportamiento dañino para la sociedad. En primer lugar, el miedo procede de la politiquería, porque muchas veces usan a los ilegales para conseguir votos para sus padrinos políticos; entonces el miedo es una forma de contribuir para el aumento del electorado de su patrón. En segundo lugar, creer que los pobres pueden violar la ley, por sus disminuidas condiciones económicas, y que es con la ilegalidad como ellos pueden sobrevivir; el miedo se expresa, entonces, en la manifestación de “pobrecitos” para qué los molestan. En tercer lugar, considerar que la ilegalidad le trae beneficios personales, a través de las diversas formas de corrupción; el miedo aquí está acompañado de la conciencia de cometer un delito dañino para la sociedad pero benéfico para el autor material.


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Entonces lo primero que debe hacerse en la cátedra de administración de los asuntos del Estado es eliminar el miedo para hacer cumplir la ley, señalando las graves consecuencias para una sociedad que se vuelve indiferente ante tal flagelo. Todas las civilizaciones que cohonestaron con la inmoralidad y la violación de la ley desaparecieron. Solamente sobreviven aquellas que crean sus reglas y las defienden con los instrumentos que el derecho les da. Porque, si no defendemos la legalidad, ¿para qué tenemos un régimen jurídico y reafirmamos cada día que vivimos en un estado social de derecho? Si no es para que se cumplan las leyes lo mejor es derogarlas y volver al estado de naturaleza del que tanto hablaron los filósofos de la ilustración.

La política (del griego πολιτικος (politikós), "ciudadano, civil, relativo al ordenamiento de la ciudad”) es la actividad humana tendiente a gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad y el proceso y actividad orientada, ideológicamente, a la toma de decisiones en la consecución de los mejores objetivos para las personas individualmente consideradas y para el conjunto de ellas. Es decir, si los servidores públicos están tomando decisiones para beneficiarse ellos o beneficiar a una “camarilla” de sus amigos, quiere decir que el Estado no está cumpliendo su función esencial y debe ser sustituido por otra forma de convivencia que responda más a las necesidades de las personas y de la sociedad.



Ejemplos del incumplimiento de la ley en el sector transporte y tránsito es lo único que hay y para ello empecemos por los peatones. Tienen reglas en el código de tránsito, (Artículo 58) pero poco les importan y las autoridades se hacen los de la vista gorda: no deberían invadir la zona destinada al tránsito de vehículos, pero lo hacen, cruzan por sitios no autorizados y no usan los pasos peatonales ni los puentes; la consecuencia es el número de lesionados al año o muertos por imprudencia. Si seguimos con los motociclistas, representan el 40% de los muertos en accidentes de tránsito al año. Las causas, no circulan uno detrás de otro, no respetan, en general, las normas del código de tránsito, se sujetan de vehículos en marcha, hacen adelantamientos irregulares y exceden la velocidad permitida. Y los ciclistas son el top de los violadores de normas de tránsito, especialmente por circular por zonas no autorizadas y por ir en contravía o pasarse los semáforos en rojo.

el rincon 66 3Los vehículos particulares hacen otro tanto: se estacionan en zonas prohibidas, paran en las zonas peatonales, se ubican en los andenes, no usan direccionales, irrespetan los carriles de velocidad y lo hacen a velocidades mínimas causando serios trancones urbanos y en vías de doble calzada, no usan luces de estacionamiento, no conservan las distancias de frenado. El resultado son los más de 5000 muertos en accidentes al año.

En el transporte es otro cuento: los vehículos particulares prestan servicio público, se ha extendido una modalidad ilegal como el mototaxismo, amparado por políticos especialmente de las grandes ciudades, tanto que el actual alcalde de Bucaramanga dijo públicamente que se haría “el pingo” ante esa irregularidad, los servicios especiales hacen transporte intermunicipal ilegal, se empatan las rutas que tienen un origen y un destino, se llevan pasajeros sin tiquete, se hace pregoneo en las terminales, y se violan una y otra vez las reglas sobre tarifas, que se cobran sin los estudios correspondientes.

¿Puede un país sobrevivir a la ilegalidad? Nadie cree que eso sea posible porque o se cumple la ley o todo el mundo termina en la ilegalidad, en el caos y, por tanto, en la destrucción paulatina del Estado social de derecho. Si todos nos hacemos “los pingos” reinarán los grupos ilegales, porque ellos sí que saben hacer imperar las reglas, así sea imponiéndolas a la fuerza. ¿Queremos seguir viviendo en un país así o haremos cumplir la ley  por encima de toda otra consideración?

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